Esta Navidad compartimos en Socuéllamos algo más que un taller de cocina infantil: abrimos un espacio de reconocimiento de un saber que no suele ocupar titulares, pero que sostiene la vida cotidiana. La alquimia de se da en las cocinas de cada casa, cada día, sostenida en gran medida por las mujeres.

Desde la asociación Nosotras pensando, creando, divulgando, queremos agradecer de corazón al Centro de la Mujer de Socuéllamos (Ciudad Real) por abrirnos sus puertas y, sobre todo, por confiar en nuestra manera de hacer: una forma de trabajar que pone la experiencia en el centro; que reconoce el valor de lo cotidiano como espacio de transformación social.
El taller fue un espacio intergeneracional y simbólico donde las manos pequeñas aprendieron que alimentarse no es solo una cuestión de supervivencia. Las patatas crudas nutren el cuerpo, sí, pero no despiertan el placer de los sentidos ni el deseo de sentarse a la mesa. Cocinar nunca fue una mezcla de alimentos sin más. L@s niñ@s de Socuéllamos comprobaron - para much@s de ell@s en su primera experiencia como chefs - que cocinar requiere un esfuerzo, un tiempo y una dedicación que alguien lleva a cabo para ell@s cada día y que no suelen darle valor ni agradecer ese hecho.
Con los más grandes se dejó ver que esa magia cotidiana —convertir lo básico en algo sabroso, digno y compartible— ha sido durante siglos una labor silenciosa y amorosa de las mujeres en las cocinas. Gracias a ellas, y no a laboratorios ni a luces espectaculares, existe el recetario internacional: una mezcla infinita de sabores, tiempos y saberes transmitidos de generación en generación. Esta alquimia esencial, sin embargo, rara vez ha sido reconocida como arte, hasta que grandes chefs, mayoritariamente hombres, han logrado un enorme rendimiento económico deconstruyendo la cocina tradicional o friendo huevos con nitrógeno, mientras el origen profundo de ese conocimiento seguía permaneciendo invisible.
Que una institución como el Centro de la Mujer apueste por este tipo de propuestas —sensibles, críticas y profundamente humanas— significa reconocer que educar en igualdad también pasa por dignificar los saberes feminizados, por agradecer lo que históricamente se ha dado por hecho y por sembrar en la infancia una mirada más justa y consciente.
Después de elaborar las trufas de la abuela con sus propias manos y envolverlas bonitas, escribieron una carta de agradecimiento a las personas que cocinan para ell@s cada día. 
Así de chulas quedaron nuestras dulces creaciones después de amasar a mano, moldear las bolitas, embadurnarlas en cacao y envolverlas en celofán de colores. En la última foto vemos a la alcaldesa de Socuéllamos - que vino a visitarnos al taller - con un bombón realizado en nuestro taller.
Esa misma tarde salí con mi hija al espacio navideño infantil que el pueblo habilita y allí me encontré con alumnado variado de este taller navideño. Sus familias - mientras ell@s sonreían orgullosos - me dieron las gracias por las ricas trufas que habían hecho en el taller y habían llevado a casa para compartir.

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